Hoy, en la República Dominicana el oficio de ser
maestro o maestra, también llamado
Magisterio, es motivo de celebración, y de reflexión. A pesar de que las personas que realizan esta labor sin descanso, son muchas veces mal remuneradas, su pasión de alimentar mentes con
conocimiento —no importa la edad— , es la mejor satisfacción que pueden obtener. Sin maestros en este mundo, ¿cómo podríamos concebirlo? Ver la otra cara de la moneda, de que existe una baja de la calidad del profesorado y de la educación en sus distintos niveles en la isla, es un obstáculo que debe irse eliminando, y eso se logra con la cooperación de todos, no del Estado en sí.