Honor al Berol Mirado
Lo recuerdo como ahora, tenía un Berol Mirado No.2, un lápiz grande, con mucha borra y su punta bien afilada. Me encantaba escribir con él, si me equivocaba solo tenía que frotarlo al revés y desvanecía la letra o el trazo mal escrito. Mi Berol, en realidad no era uno, eran muchos, todos los días perdía uno, siempre fui despistado de pequeño. Recuerdo lo mucho que me acostumbre a escribir a lápiz, era fácil, cómodo y sin miedo. Esa astilla de madera perfectamente moldeada de algún pino y con grafito en el centro proporcionaba a mis cuadernos la perfecta impresión de mis tareas, y dibujos. ¡Ya nadie lo hace! Dejamos de escribir a lápiz. Qué pena que para los adultos escribir con este palo de madera es cuestión del pasado, de primaria, considerado como algo de niños.
Alf MicStar