Médicos y choferes: hermanos de profesión
La responsabilidad de un chofer sobre la vida humana es tan delicada o más que la de un médico. El segundo tiene en sus manos una vida a la vez, si flaquea su salud cuenta con un equipo que de inmediato asumiría las medidas necesarias para preservar la vida tanto del médico como del paciente. Sin embargo un chofer -más si es de guagua- tiene bajo su responsabilidad decenas de vidas al mismo tiempo. Peor aún si se trata de una «guagua dominicana», dónde la capacidad normal de pasajeros es duplicada o triplicada. A diferencia del médico, si a un chofer le falla la vista, la capacidad de reflejo, le sube o baja la presión, le da un infarto o se desmaya no hay quien lo sustituya, quien tome medidas a tiempo. Las consecuencias de un simple fallo, de una centésima de confusión, un cruce de cables mentales, o alguna que otra imprudencia pueden ser nefastas, y de esto no hay que convencer a nadie que esté enterado de la tragedia que marcó la noche del pasado doce de febrero. Por un supuesto desmayo perdieron la vida once personas, entre ellas recién nacidos y mujeres embarazadas, incluyendo al chofer.
Laura Urdapilleta